Frotarse los ojos ante una luz cálida, una
luz que te envuelve a cerrar los ojos y dejarse llevar. Luz que deja sombras,
sombras aparentes. He perdido temporalmente, el gusto por la vista.
Cerrar los ojos y escuchar como las teclas
de un piano se inclinan ante una precisión totalmente pasional y momentánea.
Mis ojos se cierran y se abren, de manera
alternativa, disfrutando sin saber exactamente de que.
Un dulce sonido y sabor me recorre.
No hay intención, ni objetivo principal, ni
secundario. Tampoco solución, ni motivo.
No se la respuesta a esta sensación.
Pero sin saber exactamente porqué, hoy
mismo tengo un inexplicable, pequeño pero gran, interés por ti.
Mañana será otro día.

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